AUTISMO, ¿que es?

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lunes, 11 de abril de 2011

Convive con el autismo

La doctora Tania de Segura es médica con una “especialidad empírica” en el tema del autismo. Su experiencia en este trastorno no viene solo de los libros o de las aulas, sino de su diario convivir con dos hijos que lo padecen, condición que –aclara– no debe considerarse enfermedad.

Desde su experiencia como médico, como oyente de diversas conferencias sobre el tema y, sobre todo, como madre, De Segura dice que los padres deberían comenzar por informarse.


Para ello, empieza explicando que esta condición se caracteriza por tres dificultades: el lenguaje y la comunicación (un desarrollo más lento del lenguaje que en algunos niños nunca se llega a dar), socialización (se les dificulta interaccionar y socializar con las demás personas) e intereses restringidos; es decir, el niño no quiere hacer otra cosa que su favorita, como coleccionar y observar dinosaurios, por ejemplo. Conociendo estas situaciones, los padres podrán entender algunos comportamientos de su hijo autista, con lo cual, en lugar de querer cambiar o “curar” a su hijo, aprenderán a aceptarlo como es; claro está, educándolo para que sea una persona en la medida de lo posible funcional, independiente y productiva.


Planteado esto, De Segura explica que un primer reto, una vez diagnosticado el trastorno, es aprender a comunicarse con él. A medida el pequeño crece, irá conociendo técnicas de comunicación y de lenguaje –si es que no logra hablar del todo–, lo cual le ayudará para darse a entender. Pero antes de eso, el niño tendrá dificultades para comunicar cómo se siente: la hipersensibilidad a los colores, los sabores, los olores o los sonidos que algunos niños experimentan.


En las primeras etapas de vida, es probable que los padres no entiendan que su hijo es muy sensible a los sonidos, por ejemplo. Cada vez que el niño escucha una licuadora hace un escándalo con llantos y gritos. Ese es un primer reto que se vence conociendo al niño, considerando su individualidad y buscando técnicas que faciliten la comunicación. Una clave para darse a entender es siendo directos en las indicaciones.


Las personas con autismo tienen un pensamiento concreto, lo que significa que no consiguen procesar frases en sentido figurativo. Por ejemplo, el chico con autismo entenderá literalmente el significado del típico regaño “¿por qué no obedeces?”, o “¿cuántas veces te lo tengo que explicar?” Una persona promedio entenderá lo anterior como un llamado de atención, el autista pensará que su madre en verdad le está haciendo esas preguntas y en lugar de atender el regaño es probable que las conteste. Con los niños autistas, entonces, se debe ser concreto. Para el caso anterior, señalar: Obedece por favor. Levántate de ahí, no hagas eso, etcétera.


La parte afectiva es otro reto. Los niños con autismo no son muy propensos a dar abrazos y besos o caricias. Por ello, papá y mamá deben entender que la forma que tiene su hijo para demostrar cariño es simplemente diferente y que deben respetar ese rasgo de su pequeño.


Otras de las situaciones difíciles a las que se deben enfrentar son las críticas de los demás, incluso de la familia. El apoyo de la familia, entre mamá y papá con especialistas, ayuda a superar este y otros obstáculos.

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